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La ética y los valores en la pandemia

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(Expansión) – En los últimos, ya casi dos años, autoridades, líderes políticos, científicos y organismos de salud de todo el mundo han estado tratando de determinar qué es lo que se debe seguir haciendo frente a la pandemia. Aunque pareciera que ya hay un camino definido, las variantes del coronavirus continúan dictando otra cosa. Como en mucho tiempo no había sucedido, hasta las consideraciones filosóficas se convirtieron en materia de debate político, de conversaciones cotidianas entre familiares, amigos y compañeros de trabajo. Preguntas tales como ¿es correcto “privar de la libertad” a la gente a través del confinamiento; limitar el derecho a viajar por el cierre de fronteras; sugerir el no tener acercamiento con tu familia y amigos, entre otras medidas?

Todas para proteger principalmente la salud y enseguida a la economía fueron frecuentes, sobre todo al inicio de la pandemia, la cual nos puso frente a dilemas éticos bastante complejos; más para unos, menos para otros. Preguntas que, para todos, podrían o no crear incertidumbre, una incertidumbre propia de un virus cuyas características y efectos continuamos descubriendo. Y por supuesto, así como ha sido a nivel sociedad y personal, en el sector laboral y al interior de las empresas no hay excepciones. Disminución de sueldos, recortes de personal, salir de casa para ir a trabajar y por esto tener más riesgo de contagio, entre otros, han sido las preocupaciones creadoras de incertidumbre y, por ende, de afectaciones psicosociales entre los colaboradores de las empresas que, entre otros, sobresale el de actuar o tomar malas decisiones por las razones correctas, que el fin justifica los medios, con un aumento considerable de casos en los últimos meses. Tener un enfermo en casa y que, por satisfacer su salud, el adquirir una deuda económica, junto con los factores arriba mencionados, querido lector, ha sido un claro ejemplo de riesgo del factor humano en las empresas que ha llevado a los colaboradores a tomar decisiones erróneas. Y no es que sean personas malas, sino que simplemente están tratando de satisfacer la necesidad de salud de un tercero (o la propia) sin considerar en ese momento las afectaciones negativas de sus acciones. De nuevo, el fin justifica los medios. Lo relevante aparece cuando las organizaciones investigan estos casos que se desarrollan dentro de ellas, se concluye que en la mayoría de las ocasiones los fraudes y sus defraudadores son considerados como de primera ocasión. En estos casos podría considerarse que la persona está tan enfocada en su necesidad económica y de salud que recurre a los medios necesarios (y no necesariamente lícitos) para conseguir los fondos necesarios cayendo justo en el principio Maquiavélico de que el fin justifica los medios y que eso no los convierte en criminales o malas personas… pero sí ocasionan un daño a las organizaciones que les dan empleo. Y más allá de las afectaciones económicas a la institución, estas situaciones impactan en su reputación, en su integridad, además de que contribuyen a no lograr un ambiente laboral sano, primordial para un buen desempeño de todos los colaboradores.

Por esto, además del trabajo de las empresas en ofrecer seguridad y estabilidad a sus colaboradores, sobre todo en tiempos como el actual, éstas también tienen que esforzarse en fomentarles, recordarles y repasar junto con ellos sus valores y ética organizacionales y así contribuir y facilitar que distingan lo correcto de lo incorrecto. Adicionalmente, es importante que se considere la existencia de este riesgo y se implementen programas de ayuda para que los empleados puedan recurrir a ella y evitar caer en conductas ilícitas derivadas de la necesidad o urgencia, con ello, la solución no solo evita perjuicios a las empresas, también generan una mayor lealtad por parte de los colaboradores hacia las empresas. Estos lineamientos son importantes para la toma de decisiones, desde las más estratégicas hasta las más básicas. El cómo se espera que se comporte la empresa y sus colaboradores son las directrices del comportamiento en una organización. En este sentido, la actual situación extraordinaria es un momento clave para reforzar estas reglas en los negocios o, en su defecto, establecerlas. Nunca es tarde. Nota del editor: Fernanda Zenizo es Licenciada en Ciencias de la Comunicación por parte de la Universidad del Valle de México. Actualmente se desempeña como Directora General de Intelab. Actualmente es Vicepresidente de Gestión de Comités Técnicos en el Instituto Mexicano de Ejecutivos de Finanzas. Síguela en LinkedIn . Las opiniones publicadas en esta columna pertenecen exclusivamente a la autora. Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

]]> Fuente: CNN